Infiltración nocturna con paracaidistas del EZAPAC, la élite del Ejército del Aire

El GOE (Grupo de Operaciones Especiales) del Ejército del Aire y del Espacio permite a EL ESPAÑOL acceder a su base militar para descubrir cómo es un ejercicio de infiltración nocturna de los paracaidistas de élite. Acompañados por el avión T-21 del Ala 35 Aerotransportada de Getafe.




En una ciudad en completo silencio, la luz tenue de las farolas marca el camino hacia la base de Alcantarilla, Murcia. Tras una reunión bajo la tímida bombilla de un hangar y en concentración absoluta se preparan los miembros de EZAPAC, el escuadrón de Élite de paracaidistas del Ejército del Aire y del Espacio.

El viento silba entre los barracones, el motor turbohélice del T-21 arrancando corta el sepulcral silencio. Los paracaidistas se activan, prueban sus radios y revisan sus altímetros, el oxígeno y las comunicaciones, el momento se acerca.



Repasan las listas de procedimientos y aprietan las hebillas del arnés del paracaídas antes de dirigirse hacia el avión. La movilidad es reducida, cargan con 50 kilogramos de equipo. Un chaleco portaplacas, casco balístico con visión nocturna, una mochila de equipo, un arma y por supuesto su paracaídas principal y el de emergencia.

Iluminados por la luz de cola del avión se adentran en la oscuridad de una pista de rodaje, suben al Airbus C-295 y se conectan al oxígeno de la aeronave, necesario para ascender a los 17.000 pies a los que se realizaría el ejercicio de ese día.

Con los primeros albores de la mañana y a 6 minutos del objetivo se abre la rampa de carga. El aire a -15ºC despresurizaba la cabina y la bocanada activaba a todos los presentes, conocedores de que llegaba el momento del salto.

Apenas 60 segundos de caída libre para perder 12.000 pies de altura, 3600 metros antes de abrir la campana que pararía la caída. En el aire debían descolgar la mochila para poder navegar con comodidad, localizar el punto de aterrizaje y comprobar que todo estaba en orden.

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Madrid, España




Rodrigo Minguez