Asaltando un boque en alta mar junto a la Fuerza de Guerra Naval Especial
Así asalta la Fuerza de Guerra Naval Especial al buque A61 Carnota. La élite de la Armada patrulla aguas internacionales para liberar barcos capturados por piratas.
El repicar de los amarres contra los noráis, junto a la melodía de las olas rompiendo contra el espigón, marcan un ritmo fluido pero tenso, casi militar. En La Estación Naval de la Algameca, las semirrígidas están preparadas para el ‘asalto’ y aun en tierra, los operativos de la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE) hacen las últimas comprobaciones de su equipo.
El avance es lento pero constante mientras las semirrígidas abandonan el puerto. Sin embargo, al superar la última boya, un tirón inesperado obliga a buscar un punto de apoyo con rapidez. La combinación de alta velocidad y el fuerte oleaje, en pleno mar de Alborán, convierte lo que parecía un simple paseo en una batalla contra viento y marea para alcanzar, cuanto antes, el objetivo del asalto: aquel día, el A61 Carnota, un buque de 60 metros de eslora.
Como si en mitad del Índico se encontrarán a punto de asaltar una embarcación tomada por piratas somalíes, los doce hombres que participaban en el operativo trazaban sus estrategias a escasos momentos de iniciar el abordaje.
Con la reciente experiencia previa este entrenamiento debía resultar sencillo. El 23 de mayo de 2024 la unidad rescato el Basilisk, un buque mercante, descendiendo desde un helicóptero SH60-F mediante la técnica fast rope. Igual hicieron en la operación Chrystal Arctic, en aguas de las Seychelles.
Al hacer contacto con el Carnota, la borda del buque sobre las cabezas y el pequeño tamaño de la semirrígida hace evidente la vulnerabilidad y desventaja en que opera la FGNE, como apunta el coronel Vicente Gonzalvo: “Mandamos equipos muy pequeños, de unos 12 o 16 hombres, pero con capacidades muy grandes.” A pesar de esto no hay tiempo para la duda y el arpón que asegura la escala vuela hasta una gran altura y engancha la baranda del buque.
Zarandeados por el mar y a varios metros de altura, los militares, suben ágiles y seguros, cargados con chalecos portaplacas, cargadores, fusiles, visiones nocturnas y demás equipo. Una vez a bordo todo es muy rápido, habitación por habitación aseguran el barco hasta llegar al puente de mando. “Suelta el arma” grita uno de los miembros a quien simula ser un terrorista armado, mientras otro compañero se acerca para reducirle.
El simulacro al que tuvo acceso en exclusiva El Español no se trataba nada más que de una pequeña parte de las capacidades de este equipo de Boinas Verdes, una de las fuerzas de élite del ejército de España. Esta unidad cuenta con capacidad de buceo, despliegue aéreo así como otras tareas del más alto nivel militar.